“Permítaseme hacerme la ilusión por unos momentos de que soy secretario del gobierno, con poderes infinitos en el campo de la educación. Permítaseme esbozar un programa general, un intento de plan quinquenal para las escuelas.
Como ministro (…) establecería centros de preparación especial para formar el personal docente (…). Cada uno de estos se gobernaría de un modo completamente autónomo. El personal no tendría privilegios especiales, sino la misma comida y la misma calefacción que los alumnos. (…) El lema de la colonia sería libertad. No se tolerarían ninguna religión, ninguna enseñanza moral, ninguna autoridad.
Excluiría la religión porque habla, predica, intenta sublimar, reprime. La religión postula el pecada donde no existe pecado. Cree en el libre albedrío cuando no hay libre albedrío para algunos niños esclavos de sus impulsos.
En vez de condicionameniento religioso, yo propondría que las emociones fueran condicionadas por el amor y no por nada que fuese cruel e injusto. Sólo habría un camino para llegar a ese ideal en la colonia: dejar a la gente joven sola en todo lo posible, liberándola de la autoridad impuesta, y del odio, y de los castigos. Sé por experiencia que éste es el único camino.
A los maestros se les enseña a ser los iguales de los alumnos, no los superiores. No tendrían ninguna dignidad protectora, no emplearían el sarcasmo. No inspirarían miedo. Tendrían que ser hombres de infinita paciencia, capaces de mirar hacia delante hasta my lejos, deseosos de confiar en los resultados definitivos.”
Antón Makarenko
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